Hace tres años, Lorena había editado RAPAZ, una novela en donde una chica decide dejar de lado la relación que tenía con alguien para criar una hija soltera. Ahora, tenemos en las manos a FALSA CORAL que, cuando se va leyendo vemos que tanto en RAPAZ como en este libro hay una palabra que las puede relacionar: CORTE. Podría elegir también la palabra DESAPEGO, pero me parece que el CORTE en ambas novelas y sobre todo en este libro es algo mucho más categórico, más decisivo. Un DESAPEGO es gradual y hasta podemos ver ese proceso. En el CORTE no, hay una decisión y que todo lo que venga tras esa decisión va a ser producto de ese corte. Cortar con una relación, con una historia, incluso con una estadía en un país tiene, por supuesto, un proceso de pensamiento, de reflexión. Podemos decir que el CORTE es el brazo armado del DESAPEGO, es la radicalización del cambio.
FALSA CORAL es la historia de Elena, una chica que bordea entre la adolescencia y la madurez que decide huir de la Argentina en el año 2002 después de la crisis desatada por el Argentinazo. El destino que ella elige es Barcelona. Después de unos días comienza a trabajar en las barras americanas, bares de coperas que inician a muchas chicas en la prostitución. En RAPAZ, la anterior novela de Lorena, la protagonista decide también huir, pero huye de todo aquello que la ata a lo que verdaderamente quiere, que es el ansia de libertad. Creo que la conexión entre estas dos novelas tiene que ver con ese CORTE, con el que vengo insistiendo. Porque terminar algo es un gesto de inteligencia, aún ignorando lo que viene después. Cortar algo para empezar otra cosa que no se sabe bien cómo va a ser, es un gesto arriesgado, sobre todo para quienes buscan una estabilidad. Ese signo está presente en las dos novelas, pero aquí, Elena decide escapar de un país quebrado, en un estado total de inocencia para empezar un momento de su vida en el que otros despertares aparecen. La segunda trama que tiene el libro es esa pregunta por el después. Y creo que, como bien decía Borges, enfrentar ese destino es parte de nuestra esencia porque siempre encontramos ese momento en que sabemos para siempre quienes somos. El situó esa frase en Tadeo Isidoro Cruz, su cuento de El Aleph cuando comprende que no va a permitir que se mate a un inocente cuando se presta a defender a Martín Fierro. Acá Elena no se pregunta por el después. Directamente no pregunta nada, empieza a descubrir: el sexo, el dinero, la independencia, el amor, el desamor, el miedo. En fin, todo lo que nos puede importar en mayor o menor medida. En verdad, la pregunta por el después está como muy oculta al fondo. Más que el después lo que importa es el ahora, el ahora de la vida de Elena y todo lo que va descubriendo en su estadía en Barcelona. Uno de los logros de esta protagonista (que también es el logro de Lorena, su creadora) es que todo lo mira con la objetividad del que está descubriendo algo que no se sabe qué es. Pero también considero, es que el logro más destacado de este hermoso libro, además de su trama, es que Lorena ejerció sobre su personaje un trabajo microscópico. La novela está fijada en Elena, pero no es casualidad (o por lo menos lo veo así yo) que Lorena haya elegido la tercera persona para su narración. Quiero decir pues que ella, es decir Lorena, eligió ese recurso para que nosotros empecemos a ver a su creación desde ese acercamiento, como si mirásemos todo a través de una lupa o del mismo microscopio. La vemos a Elena desde la cruel objetividad del autor, pero misteriosamente (o quizás no, por lo menos así lo veo yo) empezamos a encariñarnos con Elena. Y es ahí donde se produce el hecho artístico. El lector deja de auscultar a la protagonista para empezar a sentirla. Y lejos de hacer del libro un mamotreto de 600 páginas como bien podía ser en el Siglo XIX o XX para entender a un personaje, Lorena elige una cantidad pequeña de páginas para construirla.
Tengo el gusto de conocer a Lorena desde hace un par de años cuando nos vimos por primera vez en un evento de poesía realizado en un antro punk. Y desde el primer momento que la vi, y que también la leí, noté que hay mucho de la personalidad y la sensibilidad de la autora en sus personajes. Quizás esto no sea nada nuevo para un autor y mucho menos para un lector, pero a lo que voy es que no es fácil escribir de uno mismo. Porque el escritor es un Dios y también un Lector, y sería fácil armar una imagen épica de nosotros si queremos incluirnos en una novela a través de un personaje. Pero Lorena elige la cruel objetividad, como dije antes. Tanto RAPAZ como FALSA CORAL, la novela que hoy nos reúne hablan por ella, y también callan por ella. Y creo que no hay nada más valeroso que esa actitud de poder mostrarse con las debilidades para que otro, vos, yo, cualquiera la pueda encontrar y encariñarse. Porque esta novela no es sino una historia con la que te podés identificar, vos, yo, cualquiera (o por lo menos así lo veo yo). En fin, la novela, sí, es una alegoría al CORTE, es la pregunta por el después, es un destello de la autora. Lo que se me olvidaba decir, también, es que FALSA CORAL es una muy hermosa novela (o por lo menos así lo veo yo).