Falsa Coral, por Melina Dorfman

A Lore la conozco hace muchos años, tantos que no recuerdo el día exacto en que nos vimos por primera vez. Lo que sí he conservado, después de todo este tiempo, es la sensación intacta de que es una mujer distinta, al menos distinta a mí y muchas otras que conozco. Una mujer que sabe mucho del ser mujer. Y para ella, una mujer de su tiempo es la que va a contrapelo, un paso más allá de lo que se espera de ella, que piensa y actúa libremente, y vive la sexualidad sin ataduras, a su manera. Una mujer que tiene la habilidad de accionar sin miedo a ser juzgada.

 

Por eso no me sorprendió, cuando empecé a leer su literatura, el tipo de protagonistas femeninas que fue capaz de crear. En Rapaz (Laguna Negra, 2019), su primera novela, cuenta la relación entre Magdalena, una odontóloga de 39 años, y Ezequiel, un albañil de 22, y el drama que surge entre ambos a partir del momento en el que ella queda embarazada. Ahora, en Falsa Coral, se ocupa de narrar la historia de Elena, una chica que emigra a Barcelona tras la crisis argentina del 2001, y se propone estudiar Arquitectura mientras trabaja en el único puesto estable que consiguió ni bien llegó: servir copas en una barra americana.

 

Falsa Coral es, en términos generales, una novela de iniciación. El viaje de Elena no es tan sólo un cambio de espacio físico, sino también (y sobre todo) una travesía por el camino de la búsqueda personal, del autoconocimiento. La trama se va armando sobre la base de preguntas: ¿Qué carrera seguir? ¿Se puede estudiar y trabajar a la vez? ¿Qué puedo hacer para ganar dinero? ¿De qué se trata el deseo?

 

Pero esta novela es, quizás más específicamente, un retrato de amistad entre mujeres, con sus clichés y tabúes: sensibles, solidarias, fuertes, y también intensas, competitivas, envidiosas. Elena viaja a Barcelona y no cualquier otra ciudad porque allí la espera su mejor amiga Blanca, una chica española que había sido compañera de colegio en Buenos Aires gracias a un intercambio estudiantil. Han sostenido un vínculo en el tiempo a base de cartas y llamados, y ahora parece separarlas un abismo: Blanca vive con su madre (es hija de padres separados) y, al encontrarse en una buena posición económica, parece tener todas las posibilidades pero no hace nada salvo ayudar a su amiga; Elena se aleja de su país en plena crisis económica, con poquísimo dinero e incentivada por sus padres que la quieren ver crecer en un entorno mejor, y anhela establecerse sin tener que ser una carga para nadie.   Se necesitan mutuamente y al mismo tiempo necesitan aprender a ser independientes la una de la otra.

 

Creo que Falsa Coral también toca otros subtemas sensibles como la relación de las mujeres con el propio cuerpo (Elena se autopercibe, casi obsesivamente, excedida de peso cuando en un nuevo contexto descubre que es deseada tal cual es) y de las mujeres con el dinero (Elena va tanteando hasta dónde está dispuesta a llegar para ganarse los euros que necesita para independizarse, mientras ve a sus compañeras de trabajo tomarse el tema cada una de distinta manera). Incluso aborda el tema de la prostitución desde un costado humano, mostrando la vida de mujeres que eligen ganarse la vida como pueden, en pos de cumplir sus sueños. Y también, claro, otros temas que prefiero no comentar, porque le quitaría la sorpresa a los futuros lectores aquí presentes.

 

Si bien dije, en un principio, que la concepción del ser mujer que tiene Lore tiñe su literatura toda, no la he visto nunca caer en escribir sólo sobre lo que conoce (aunque da la sensación de que en algún momento coqueteó con esos universos, pero no nos debe importar este asunto). Al contrario, es admirable su talento para situar historias en contextos sociales y geográficos ajenos a ella. En el caso de Falsa Coral, podemos imaginarnos cómo Barcelona es por su descripción de calles o barrios, y adentrarnos en el mundo de las barras americanas por su relevamiento de mobiliario y clientes habituales. Mención aparte lleva el impresionante trabajo de sostener diálogos en diferentes acentos españoles, entre Elena con su slang porteño, y el resto de los personajes catalanes secundarios. Y considerando que la historia está situada en el 2002, abundan los detalles precisos que nos lo recuerdan: Elena usa mapas impresos, anota números de teléfono en papelitos, va a locutorios, deja mensajes en contestadores de teléfonos de línea, escucha cds en un discman, usa cámaras con rollo, etc.

 

Para terminar, Falsa Coral es, para mí (y probablemente lo compartan), una novela sobre límites: el relato cuidadoso, sensual y valiente de una exploración inicial al saber cuáles son los propios y ajenos, para luego hacerlos valer para el resto de nuestras vidas.